Ayer nos dejó Carmen de Mairena a los 87 años. Su vida, envuelta en espectáculo y polémica, fue inspiración de lucha para muchas personas que, como ella, eran represaliadas por ser transexuales.

Una vida llena de anécdotas que hoy queremos repasar a modo de homenaje:

Artista desde muy pequeña

A los 12 años, trabajaba haciendo recados para una farmacia de la Bonanova y, para mantener entretenidos a los clientes, de vez en cuando, se ponía a bailar y cantar… había nacido para ser artista.



Su salto al mundo del cine

A los 16 años, empezó a pillarle el gusto a la gran pantalla. Hizo de extra para muchas películas de la productora de Iquino, llegando a cobrar hasta 700 pesetas por película, cosa que en ese momento no estaba nada mal.

Salto al mundo de las variedades

Lo dio en 1959, cuando empezó a actuar en diversas salas y clubs de Barcelona. El primero, en el que debutó, fue la sala Ambos Mundos, ya desaparecida.



Ganando prestigio

Actuó durante cuatro temporadas en el Café Nuevo, desde donde saltó al Copacabana (lo que hoy es el Museo de Cera de Barcelona), la Bodega Apolo,​ Ciros, entre muchos otros famosos locales del momento.

Empezaron los problemas

A finales de los cincuenta, empezó una relación con Pedrito Rico y, con ella, la represión del franquismo a su condición sexual de homosexual. Ambos fueron detenidos en reiteradas ocasiones bajo la aplicación de la ‘ley de vagos y maleantes’, pasando largas jornadas en prisión.

El precio de la prisión

A lo largo de los años 60, en una de sus estancias en prisión, sufrió tal nivel de maltrato, que tuvo que retirarse un año del espectáculo y trabajar en la obra para poder recuperarse.



La vuelta a los escenarios

Pasado un año, ya recuperada, volvió a las bambalinas: actuó en el Whishy Twist, en el Patio Andaluz, en Macarena de Flamenco, en Gambrinus, en Barcelona de Noche… su pasión era el espectáculo y no se cansaba nunca de darlo.

Empieza su cambio físico

A partir de los años 70, empieza a adoptar el aspecto de mujer. El Régimen franquista no permitía ningún tipo de intervención estética en ese sentido, por lo que tenía que inyectarse silicona en cara y pechos de forma clandestina.

Adapta su nombre



En esta época empiezan los shows como transformista y adopta el que sería su nombre hasta su muerte: Carmen de Mairena. Su espectáculo, en esencia, consistía en una imitación de celebridades del momento como Sara Montiel y Marujita Díaz.

Su cambio fue un fracaso

Sus seguidores no recibieron a gusto su cambio de imagen y dejaron de acudir a sus espectáculos. Ella se vio abocada a la ruina y, según ella misma contó, tuvo que dedicarse a la prostitución en el Barrio Chino de Barcelona.

Salto a la televisión

A principio de los 90, llega a la televisión de la mano de Javier Cárdenas. Consiguió fama nacional gracias a su paso por programas como ‘Al Ataque’ y ‘Crónicas Marcianas’, donde se convirtió en todo un mito.

Una vida llena de grises; una constante lucha por ser reconocida por quien realmente era, bordeando siempre la polémica y la provocación. Un personaje de esos que calan en la cultura popular y que, aunque se vayan, nunca se olvidan.

Para despedirnos; para honrarla, nada mejor que una de sus frases más míticas:

“Cuando voy por la calle me llaman puta, y yo les digo: ¡Mi coño lo disfruta!”.

Disfruta allá donde estés, Carmen.

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